Lentamente el habitante común de este espacio cuasi innombrable ha dejado su círculo de libertad reducido a nada. Anda, no camina, se deja llevar por el caudal. Se deja clasificar, se deja tatuar un numero. No representan, son eso. En sus mentes hay una imagen única, los lleva a esa línea, a esperar.

Es la misma queja silenciosa del esclavo del presente que paga por su limosna. Aún escucho gritos ahogados de los que se niegan a deshumanizarse. Pero quedan allí, se pierden luego.

Se desvanece la razón, se conforma el objeto.

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