¿Qué utilidad tiene un poeta si está muriendo de hambre? Dice cosas bellas, lo imaginado en un puñado de palabras, le da vida a lo ficticio. Su realidad es diferente. Su cabello crece, se ahoga en gritos, sus paredes pierden color, se rasca la cabeza en medio de números y cuentas. ¿Cómo convierto eso en algo diferente? Todos en este espacio, tratamos de escribir algo diferente, de dibujar una imagen con letras y, habrá alguno que dirá: “me encantó”. Entonces, 38 años han valido la pena. El poeta ha salido de casa y no conoce mas que desencantos cotidianos de una cultura que aún no entiende. Que da gracias, pero que añora. Cuando quiero soy poeta. No poetisa. Hoy no escribo, no abandono, no lloro. Me envuelvo en una entropía de dudas. Es un fastidio. Quizá lo sea caminar y sonreir cuando duelen los pies. No me da vergüenza decir que uso zapatos prestados.

Mañana salgo nuevamente, jugaré a ser sabia. A hablar mi otro idioma.

A no tener más hambre, sino de inspiración.

 

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